Lunes, 14 de Julio de 2008
I
Anarquía,
libertad, existencialismo, ebriedad. Todas las cosas en las que ya no incurro.
El Bufón ha muerto. No: ha madurado, se ha transmutado.
Necesitaba
una máscara de sonrisas y de luces para que nadie viera mi Verdadero Yo.
Hubiera muerto de vergüenza y desnudez al saber que le pertenecía a alguien
más, que la esfera se había roto. Pero se abrió la tierra, y vi el abismo. Se
me susurró al oído algo que me dejó helado: “el nuevo Amor...”
Sí,
reconozco que lloré. Y con todo el vigor de mi alma pueril: ¡salté!
Salté tan
fuerte que por un momento casi creí que había recordado que tenía alas. No, eso
quizás sucedería más adelante. Y todo el mundo se transformó.
Al
conjurarse los cuatro elementos sobre mi dedo índice, pude rasgar los velos que
envolvían todo en un Abismo. Entendí que “todo” y “amor” deberían ser sinónimos
que se nos ocultan para no hacernos daño. Para no hacernos demasiado daño.
La
tormenta se había despejado, y había realizado la primera operación: el
nígredo.
Hubiera
caída en la locura, en la estupidez, en el nihilismo. Pero me ayudaste a saltar
el abismo.
Me diste
todas las herramientas necesarias para interiorizarme, y así ver el Universo infinito
que se abría delante de nosotros...

(to be continued)
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